jueves, 19 de marzo de 2009

Las plumas caen sobre el mar

Y voy decayendo lentamente sobre el mar blanco,

Adonde pertenecen los peces gigantes quienes  devoran el mundo

Con sus cuerpos corpulentos y sus dientes afilados.

 

Ellos no saben de sentimientos

Ellos no viven en la esperanza,

Ellos no comprenden de amor.

 

Me sumerjo  lentamente abandonando mi delicado cuerpo.

Me pierdo en la blancura máxima donde sólo existe la ceguera.

Abandono los colores primarios y nado sobre el negro y blanco.

 

Soy una sirena acromática que no busca nada,

Sólo intento sobrevivir en la poesía que se quiebra en la mirada ajena.

 

Me espantan.

Me alejo.

 

Las olas me llevan hasta la orilla  y yo las escucho atentamente.

Ellas tienen las palabras del viento.

 

Y en plena soledad me dejo llevar por la danza silenciosa

Que sólo unos pocos saben bailar.

 

Todavía no se han dado cuenta,

que sólo en el silencio,

Está la verdad.