Las botas se llenan de agua y las ideas se inundan de flores marchitas.
En la habitación de al lado la cama flota en el mar de la niñez,
las ideas abstractas de los sueños más desamparados.
En la calle, suicidas fracasados
En la cocina, estereos destructivos
En la ventana, hormigas que viajan hacía el jardín.
Tirarse de cabeza y caer en la laguna de palabras vacías,
transitar por el tren de las miradas abandonadas.
Escuchar las voces de los niños que gritan en los carruseles
las mismas canciones que cantaba en mi época de muchacha.
En las noches de invierno,
Un chocolate de menta,
Un cigarrillo
Un whisky
Una frazada y una almohada.
Y por qué no , una caricia que me haga callar.
